lunes, 6 de marzo de 2017

El Muro


El Muro de las Lamentaciones es el muro occidental del templo de Jerusalén y ahí los judíos lloran, cuchichean y meten papelitos por las rendijas en sus eternas lamentaciones. Claro que los demás (y ellos también) tenemos el muro del Facebook. Un muro para cada uno, comodón y casero, donde abrimos nuestro corazón y desnudamos nuestra alma con total impudor. Los secretos, las manías, los deseos, las penas, que no hubiéramos revelado ni a nuestra propia madre, brotan cada día a borbotones. Con la protección psicológica que nos da la postura de estar vueltos de espaldas al mundo, de cara a la pantalla, vamos desgranando nuestra retahíla de miedos y ambiciones muy judeocristianos ellos. Descargamos nuestra culpa, firmamos peticiones, reímos, amamos, nos indignamos o amenazamos bravucones, nos contoneamos, rezamos… Lo que le contamos al Facebook se lo contamos a todos y no se lo contamos a nadie. Es como hablar con Dios. Se lo contamos a Dios; a un dios dos punto cero que ahora si que está en la nube y ve todos nuestros actos. Nos escucha con su infinita sabiduría, sonríe y, de paso, nos pone algo de publicidad de las cosillas que sabe que nos convienen. Seguro que nos ama.


Texto y fotos 2017©Miguel Guinea. Reservados todos los derechos