sábado, 14 de febrero de 2015

POEMAS OLVIDADOS: La Bastarda

Los tanatorios son un paso más en la resocialización de la muerte; en esa desindividualización que sufrimos en nuestra sociedad moderna. Una fábrica de arrojar espíritus al más allá; de apartar fantasmas (y vecinos curiosos y problemas) de nuestras vidas. Una industria del dolor y de la pena, siempre fugaz y siempre renovada en su tránsito de hospitales y camillas, de gasas manchadas, tubos y desinfectantes. Hemos arrojado a los manes y a los lares de nuestros domicilios (y de nuestros corazones) y creado una especie de hamburgueserías fúnebres en nuestro empeño de negar la muerte y poner distancia emocional con ella. Pero no hace mucho se velaba a los difuntos en su propia casa: el ataúd sobre la mesa del comedor y las sombras de la muerte danzando en la oscuridad de los rincones a la luz de las velas entre siseos de rosarios, botellas de anís y pastas recubiertas de azúcar y moscas. Y la barba te seguía creciendo mientras te desprendías, poco a poco, de todo lo que amabas.  De aquella época es este poema





Fecha ? (anterior a 1972)

¡Cierra la puerta!
¡Atranca la ventana!
que se me cuela la Muerte,
la Taimada.
¡Cierra la puerta, cierra!
Atranca la ventana
arañada por duendes
de la Fiera, la Bastarda.
Cerco de cirios
señalan en mi cama
los cuatro caminos,
las cuatro puertas,
las cuatro llamas.
Manteles de espanto,
pañales de niebla
que ahora son sábanas
y mañana mortajas.
La mesa está puesta
para la No Convidada;
despejada y vacía
solitaria en la sala.
¡Ay, que no me aten la boca!
¡Ay, que no me afeiten la barba!
¡Ay, que no me cierren los ojos
aunque no miren a nada!
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Cierra esa puerta!
¡Ay! ¡Atranca la ventana!
que se me cuela la muerte
en la madrugada.





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Texto y fotos:  ©Miguel Guinea. Reservados todos los derechos
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