miércoles, 10 de septiembre de 2014

La India que yo vi: Ladakh (III)





En Ladakh escaseaba la moneda pequeña por lo que no era raro recibir el cambio en especie.
 





¿Le apetece un jugoso filete de yak? no tiene más que ir a la carnicería...




Los monasterios o gompas del valle se pueden visitar usando las minúsculas y atestadas busetas. Hay que armarse de paciencia; suelen hacer una media de 20 km/h. El gompa principal y otras construcciones se extienden por toda una colina como ocurre en Lamayuru o en este de Tiksé





Por fuera son sobrios edificios rectangulares, blancos, pero por dentro tienen un sorprendente colorido 






Esta imagen de Maitreya, el buda futuro, ocupa dos plantas atravesando el techo de la primera. Me recuerda a un gordo cuclillo que no cabe en el nido.





Pero el gompa que más me gustó fue este de Hemis. Metido nueve kilómetros arriba en una fresca garganta con algo de arbolado. Desde allí bajamos andando a Karu a buscar la buseta; en los campos segaban y cantaban tal como lo han debido de hacer durante cientos, quizá miles de años. Uno decía una frase y los otros le respondían a coro. Inolvidable.