viernes, 22 de agosto de 2014

Cierre de la Comunidad: Una madre es el agujero por el que entramos al mundo


Hablemos un poco más de las cosas que se complementan. En otro post comentaba como el autor necesita de la participación activa del lector —creo que esto es extensible para cualquier otro proceso de creación— no como mero espectador, sino como complemento necesario para dar sentido a lo creado. El cuadro por sí solo —como ente físico— no es más que una tela manchada de pintura, no tiene ningún valor si no sirve como vehículo para que dos o más conciencias entren en resonancia. Y esta comunicación es posible porque una parte ha empleado un sistema de codificación de mensajes en un extremo y en el otro extremo alguien lo está descodificando adaptándolo a su experiencia, sensibilidad, conocimiento y otras muchas variables de entorno que configuran su vivencia concreta. Esta unión puede producirse de forma simultánea –y será más fácil de apreciar- como por ejemplo pasa con la danza, o en forma diferida, como sucede, por ejemplo, con la literatura.
Lo que me parece interesante del caso es que no hay forma de garantizar cuál será el resultado de esta unión y también el que, seguramente, este resultado no será del todo uniforme a poco que participen varias personas en el hecho comunicante. Como añadido, me parece una buena práctica anti-narcisista que el autor tenga presente que él no es el cien por cien del acto creativo.
Pero yo quería hablar de otra cosa y me estoy desviando. Quería hablar del complemento madre/hijo y de cómo ambos se necesitan para existir; de cómo cuando muere una madre también muere el hijo y cómo ambas penas se mezclan de forma que es difícil discernir. Aquí también en ambos hechos el soporte físico —me refiero a la muerte física— no tiene por qué producirse de forma simultánea.
Opino que el comportamiento particular –real- de cada madre tiene poco peso para acabar de configurar su imagen en nosotros. Posiblemente, una montaña de arquetipos sociales la acabará dibujando mucho más nítidamente que la cantidad de besos o sopapos que nos haya dado en nuestra infancia.
Una madre es el agujero por el que entramos al mundo y mientras vive, conservamos la fantasía de que pueda ser también una posible puerta de escape, una vía para reintegrarnos al sentimiento oceánico [en otro post “¿Volver a amar o Volver al mar?” hablo de estas cosas]. Cuando muere, esa puerta se cierra, desaparece. La amarra umbilical queda flotando en el agua, rota, sin asidero; y nos vamos separando de la costa que, al final, dejaremos de vislumbrar. Ha muerto la madre, pero con ella también ha muerto el hijo que somos. Estamos definitivamente solos en el mundo. Y entonces lloramos, aunque es difícil decir por quién. Tampoco importa mucho.
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario


inma dijo

Hola MIGUEL....preciosas palabras.
Se me ha erizado el vello....llevo unos meses en los que veo como mi madre, se hace mayor y siento que su final está más cerca.....¡tengo miedo!....¿es egoista por mi parte?....¿Sólo pienso en mi pena?....no sé....reflexionaré sobre el tema.
Besos granainos......

Miguel Guinea dijo

Inma gracias por "resonar" :) al otro lado, enriqueciendo con tu experiencia lo dicho en el post. Se nota que es un sentimiento muy auténtico. Besos

inma dijo

Hola MIGUEL.....al hilo del post....
fijate, ahora mismo acaba de llegar mi madre y he pensado en tus palabras.....
Hemos tomado un té y hablando de todo un poco.....saludos

Miguel Guinea dijo

Pues la verdad es que no se puede pedir mejor resultado para algo escrito. Gracias por comentarlo.

gloriainfinita dijo

Estaba por saltármelo. Soy madre y soy hija. Como hija no puedo decir como tú (madres hay de muchas clases y no tuve suerte). Como madre espero abrirle siempre puertas, hasta con mi muerte.
Pelín fuerte este post para mí, muchacho, necesito aire.
Besos.

Carisdul dijo