lunes, 25 de agosto de 2014

Cierre de la Comunidad: Falsos recuerdos, el otro yo y la caridad de la memoria


(06/03/2010)

Entre las “bromas” que nos puede llegar a gastar la memoria, la que me parece más sugestiva es la conocida como Síndrome de los Falsos Recuerdos o SFM. El tema ha sido estudiado, entre otros, por una matemática y psicóloga americana Elizabeth Loftus, a la que llegué por casualidad tras leer una cita que me impresionó: "La idea más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no es necesariamente la verdad”. Y me impresionó, tanto por la brecha que abría en la forma habitual de pensar, como por la cantidad de posibilidades que ofrecía. La profesora Loftus nos viene a decir que por más que recordemos una cosa vívidamente no por ello tiene que ser cierto; y sus tesis, demostradas experimentalmente, han servido para revisar las causas ( e incluso condenas) seguidas a muchas personas inculpadas por abusos sexuales en los que la única prueba o evidencia que se aportaba era la declaración de la presunta víctima. En Estados Unidos a mediados de la década de los 70 era una creencia bastante extendida entre ciertas escuelas de terapeutas que el padecer stress era una consecuencia de haber sufrido abusos sexuales en la infancia; al parecer esto provocó una implantación de falsos recuerdos por manipuladores de la conciencia y psicoterapeutas poco escrupulosos, aunque no siempre mal intencionados, en las mentes de muchas personas, de forma que las denuncias por este motivo crecieron exponencialmente.

Lo fantástico del caso es que los estudios parecen señalar que los recuerdos no se recuperan sino que se recrean a partir de diferentes materiales. Con lo cual montarse unas vacaciones en Marte a base de un injerto mental ya no parece tan lejano como cuando lo veíamos en Desafío Total, aquella película bastante bien llevada sobre todo en su primera parte, cuyo guion está basado en un magnífico cuento del malogrado e interesantísimo escritor norteamericano Philip K. Dick (por cierto no me importaría que me implantaran una falsa vida con una mujer de pareja como aquella inigualable Sharon Stone ) ; o, en general, la inquietante y esquizofrénica sensación de que nuestra vida cotidiana no es más que una fabulación controlada en realidad por fuerzas oscuras, externas a nosotros mismos, como en esa otra película que recrea el mito de la caverna de Platón “El Show de Truman” - en la que el protagonista vive – sin saberlo- en un mundo que en realidad es un plató de televisión (Plató-Platón, curioso).

Con lo cual, amigos, que mi duda existencial se amplía aun más; y he pasado de dudar de: la religión, la política, la ciencia y la conciencia del ser humano; a dudar también de mis recuerdos y, a la postre, de mí mismo. Puesto que, si yo mismo no me recuerdo bien, nadie me garantiza que, en realidad, yo no sea otro cualquiera suplantándome.


De todas formas, volviendo a lo planteado por Loftus, tampoco todo ha de resultar tan “horripilante” si aceptamos que cierta dosis de autoengaño puede tener un valor terapéutico. Estoy hablando de “la caridad de la memoria”-un concepto de la sicología humanista del que todavía no se ha hablado suficiente- es decir, la facultad que tiene nuestra mente en ir transformando el recuerdo de aquellos momentos ingratos en otros más llevaderos: aquellos en los que hicimos el ridículo de una forma espantosa, los aspectos más negativos de las personas que conocimos, o el dolor profundo ante una pérdida o una separación.

Compartir
  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

1 comentario · Escribe aquí tu comentario


gloriainfinita dijo

(garrotes independence) dice el gnomo y no sé si quiere decirme que los garrotazos sufridos son producto de un falso recuerdo (las cicatrices me sirven de prueba) o que la independencia ha sido adquirida a fuerza de garrotazos.
Me apunto al club de "la caridad de la memoria", mira, no tenía ni idea de que se llamaba así, pensaba que era un instinto de supervivencia adquirido por pura necesidad y que a fuerza de usarlo se había hecho rápido como el viento.
Algo difícil había en tu post, pero se me ha olvidado.
Besos, chaval y nada, tu sigue a paso ligero, que yo voy detrás.