domingo, 11 de mayo de 2014

El hombre que trabajaba en la fábrica de armas


El hombre que trabajaba en la fábrica de armas
Nunca veía los telediarios
Le compraba zapatos a su hijo que aún conservaba los dos pies
Y jamás comía las uvas en racimo.
El hombre que trabajaba en la fábrica de armas
Nunca se alteraba al volante
Era templado y cedía con gusto el paso.
Saludaba el primero en la escalera
Con una maravillosa sonrisa de sus ojos azules
Aunque, en cualquier rincón del mundo,
—En ese preciso instante—
Un trozo de metralla suyo

Aullara haciendo pedazos la carne.