sábado, 18 de enero de 2014

La hora quieta




¡Cuidado! Ha llegado ese momento
hecho de miles de átomos detenidos.
Cuando los pájaros vuelan
—cegados de horizonte—
sin entender por qué flotan en el aire.
Cuando somos incapaces de diferenciar
un hilo blanco de un hilo negro,
 y resuena en nuestro interior
la llamada desnuda al recogimiento.
Cuando nos invade un deseo atávico
de volver a la cueva;
de ceder los espacios abiertos
a los fantasmas de la noche;
de envolvernos con la placenta del fuego
y anegar nuestras pupilas
en sus chispas candorosas.
Y así, atónitos, enmudecidos,
rezar a nuestros dioses;
dejar nuestras vidas en suspenso
confiando en que otra vez se repita
ese milagro inconsistente

que nos depare un nuevo día.