jueves, 21 de noviembre de 2013

Historia de dos pimientos (I)



Por casualidad, se conocieron en la cocina durante una fría noche de fogones apagados. El reloj del horno marcaba el compás de un tiempo que sin él hubiese parecido eterno. Las ollas de vez en cuando suspiraban con sus ansias maternales de úteros nunca completamente repletos,  mientras que los cuchillos dormían en los cajones y soñaban con cuentos de bandoleros en los que refulgían en las encrucijadas de los caminos con su feroz sonrisa. Una atmósfera seca, sin ningún olor definido —quizás a algo un poco acre o áspero—  flotaba entre las paredes desnudas


(Continuará)