miércoles, 8 de mayo de 2013

Polifemo




“Un monte era de miembros eminente
Este que -de Neptuno hijo fiero
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado”

Fábula de Polifemo y Galatea
Luis de Góngora




Ustedes saben que la historia la escribe (la conserva, la interpreta, la fija) aquel que gana; el vencedor. Realmente la distopía orwelliana de 1984 no está tan lejos de la realidad que vivimos  y todo es reescrito al gusto del triunfador.  Ganó Ulises, los griegos, la cultura de la que somos hijos, nietos; perdieron los cíclopes. Polifemo, hijo de Poseidón, que, asómbrense, significa “el de las muchas palabras” fue burlado, ridiculizado, emborrachado por el “astuto” Ulises. Venció la astucia a la fuerza del mar, a la fuerza del amor, a las estrellas y las olas. A la fe que da el tener un solo ojo, sin backup, sin reservas ( el cuerpo duplica, vilmente, interesadamente, aquello que cree necesitar: riñones, brazos, piernas…) Polifemo sólo tiene un ojo con el que mirar, una polla anhelante de Galatea, un corazón que le lleva a abrir la puerta, generosamente, a su ganado al día siguiente de ser cruelmente cegado y que la tropa odiseica utiliza para escapar asidos a las barrigas de los carneros. Una vez más la astucia. La astucia como valor fundamental de nuestro tiempo, de nuestra época, de nuestra cultura… Pues, ¿saben qué? ¡Qué me cago en la astucia y en todo lo que representa!