jueves, 30 de mayo de 2013

Poemas sin corazón: Las paredes invisibles




Por más que mi mente sea
Una elegante ondulación
Un brillo de escamas
¿Dejaré, algún día,
De sentirme atrapado
En este mundo esférico,
Deformado,
Estrecho,
Chocando siempre
Con las mismas paredes
Invisibles?







Texto:  ©Miguel Guinea. Reservados todos los derechos
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domingo, 19 de mayo de 2013

Poemas sin corazón: GoogleGuinea



He llenado el mundo
De salpicaduras,
De goterones de ego,
De trazos borrosos.
Bocetos apenas esbozados
Con pretextos pueriles
Y ocultas motivaciones.

Mohosas caras de Belmez
—falsamente espirituales—
Que manchan las paredes;
Las impregnan de fantasmas
Que se me asemejan vagamente.

Perdón, no hice caso.
Seguí con mis estúpidos mensajes
de náufrago.
Lanzando tantas y tantas  botellas al mar.
A pesar de que de sobra sabía,
Que comprendía que,
También en Internet,
Aunque no haya cartel alguno,
Debe estar


*** Terminantemente Prohibido***
*** Orinarse en las paredes ***



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Texto :  ©Miguel Guinea. Reservados todos los derechos
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jueves, 16 de mayo de 2013

La caja de cartón: China 1

Los más mayores recordarán esa caja de cartón que los padres guardaban en un armario con retratos familiares, (mucho antes, claro, de todo este lío de lo digital). Quizás también recuerden el placer que daba rebuscar en esas pocas fotos e ir sacando imágenes cuarteadas y descoloridas desde donde el pasado nos observaba con detenimiento y nos planteaba sus misteriosas preguntas.

La Caja de Cartón es un proyecto para la recuperación de fotos personales antiguas. Posiblemente con poca calidad y con mucho corazón.


Pasando calor en la República Popular de China. Año 1.992





(La Caja de Cartón es un proyecto de Miguel Guinea.
 Para ver la serie publicada vaya a los tags o etiquetas y clique  en La Caja de Cartón )



martes, 14 de mayo de 2013

Los Sueños: El Sueño de la Nieve

Es de noche. Unas lomas cubiertas de nieve y a oscuras bajan al rio y se apartan de lo que parecen ser edificios de una estación de esquí. No hay camino, ni luz, más que el leve reflejo de los edificios que enseguida se desvanece. Me parece que puedo manejarme bien y sin relativo peligro: algún resbalón, una zona más honda, nada importante. Voy bien protegido con gruesos pantalones térmicos ropa adecuada para nieve. Presiento observadores ocasionales desde las ventanas de las casas y hoteles y que se  pueden preguntar adónde va ese tipo, a estas horas. Pero sin gran interés, ni curiosidad. Pronto estaré completamente fuera de las zonas a las que la luz llega tenuemente. Avanzo sin ningún plan determinado. Quizás llegar a la vaguada, en la montaña de enfrente alcanzar alguna pista forestal más practicable y dar un pequeño paseo. Silencioso y tranquilo. Observando, la noche, la nieve, los árboles. Quizás los picos de las montañas. Las nubes, la luna.

Al poco comienzan a bajar,  por los alrededores, muchachos mal equipados, inexpertos. Adolescentes, con linternas que me molestan en la orientación ya que me ciegan con sus luces y hacen que mis ojos, ya hechos a la oscuridad, se deshabitúen. Van diseminados, comunicándose a voces,  eligiendo mal los posibles itinerarios más seguros.  Uno se deja caer por la loma más pronunciada. Por el sonido deduzco que cae, chapoteando en un pequeño torrente oculto por la nieve. Me molestan. El ambiente ha cambiado. Siento que se  vulgariza. Siento que mi paseo se ha vaciado del ligero toque de aventura, de paz y de magia con que lo empecé. Me vuelvo.
Las casas de la estación de esquí me provocan esa sensación de artilugio urbano que invade la montaña, desubicado, que siempre me ha disgustado.







*** Si en su día no lo vio, no se pierda el vídeo de: El Sueño del Tajo en la Cara.


*** Vea más sueños en:  Los Sueños. La última frontera



   
por
         
Miguel Guinea

miércoles, 8 de mayo de 2013

Polifemo




“Un monte era de miembros eminente
Este que -de Neptuno hijo fiero
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado”

Fábula de Polifemo y Galatea
Luis de Góngora




Ustedes saben que la historia la escribe (la conserva, la interpreta, la fija) aquel que gana; el vencedor. Realmente la distopía orwelliana de 1984 no está tan lejos de la realidad que vivimos  y todo es reescrito al gusto del triunfador.  Ganó Ulises, los griegos, la cultura de la que somos hijos, nietos; perdieron los cíclopes. Polifemo, hijo de Poseidón, que, asómbrense, significa “el de las muchas palabras” fue burlado, ridiculizado, emborrachado por el “astuto” Ulises. Venció la astucia a la fuerza del mar, a la fuerza del amor, a las estrellas y las olas. A la fe que da el tener un solo ojo, sin backup, sin reservas ( el cuerpo duplica, vilmente, interesadamente, aquello que cree necesitar: riñones, brazos, piernas…) Polifemo sólo tiene un ojo con el que mirar, una polla anhelante de Galatea, un corazón que le lleva a abrir la puerta, generosamente, a su ganado al día siguiente de ser cruelmente cegado y que la tropa odiseica utiliza para escapar asidos a las barrigas de los carneros. Una vez más la astucia. La astucia como valor fundamental de nuestro tiempo, de nuestra época, de nuestra cultura… Pues, ¿saben qué? ¡Qué me cago en la astucia y en todo lo que representa!

lunes, 6 de mayo de 2013

Poemas con corazón: Pido perdón




¡Oh, qué estúpido deseo de poseer!
¡De poseerlo todo!
De clavar con clavos de hierro la trayectoria
De un moscardón en el aire.
¿Acaso se me negó algo?
¿No está todo aquí, conmigo:
Vivo, latiendo, hermanado?




sábado, 4 de mayo de 2013

POEMAS SIN CORAZÓN: Un gato blanco me contempla



Un gato blanco me contempla
Tras el cristal de una ventana
Mientras escribo.
A veces me mira y otras sigue con interés el vuelo de los pájaros; de las palomas.
Me he convertido en el paisaje –ocasional– de un gato de piso vecinal
Que no conocerá más allá de ciento veinte metros cuadrados de mundo.
Un mundo hecho de cortinajes, electrodomésticos, ropones y una caja con sepiolita para defecar.
Hoy, más solo que nunca,  sólo existo por ese gato.



Una nube blanca cruza el cielo,
Es vapor. Viene de cerca o de lejos,
Se formó y no sabe cómo.
Seguramente tiene sus razones inadvertidas
Aunque flota sin propósito definido en medio de un cielo fundamentalmente azul
Es paisaje de un gato blanco y de un señor que escribe.



 Me esponjo al sol. Abro mis brácteas que explotan de hojas amarillas.
No sé, no quiero saber, por qué estoy aquí.
Pero noto la savia bullente de vida que sube por mi tallo.
Estoy aquí, plantada en medio de un paisaje innecesario:
Un señor que escribe, un gato blanco que mira tras el cristal de una ventana
y una nube blanca que flota sin rumbo.