lunes, 26 de noviembre de 2012

Abenámar (el vídeo)




Recitando a otros poetas.
Abenámar es una perla del romancero viejo (de tradición oral) que tiene como base un tema de origen árabe y caballeresco. En él se representa a la ciudad de Granada como una mujer deseada que se quiere conquistar.
Esta es la versión de 46 versos, fijada en 1569 por Ginés Pérez de Hita en su obra Guerras civiles de Granada.

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Romance de Abenámar  (el texto). 
-"¡Abenamar, Abenámar, — moro de la morería,
el día que tú naciste — grandes señales había!
Estaba la mar en calma, — la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace — no debe decir mentira".
Allí respondiera el moro, — bien oiréis lo que decía:
– "Yo te la diré (1), señor,  — aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro — y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho — mi madre me lo decía:
que mentira no dijese, — que era grande villanía;
por tanto, pregunta, rey, — que la verdad te diría".
–"Yo te agradezco, Abenámar, — aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? — ¡Altos son y relucían!".
–"El Alhambra era, señor, — y la otra la Mezquita;
los otros los Alixares, — labrados a maravilla.
El moro que los labraba — cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra — otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, — huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, — castillo de gran valía".
Allí habló el rey Don Juan, — bien oiréis lo que decía
–"Si tú quisieses, Granada, — contigo me casaría;
daréte en arras y dote — a Córdoba y a Sevilla".
–"Casada soy, rey Don Juan; — casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene — muy grande bien me quería".


(1) Se entiende «te diré la verdad»

martes, 20 de noviembre de 2012

La ruptura (el vídeo)






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viernes, 16 de noviembre de 2012

Tengo esa edad... (el video)





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sábado, 10 de noviembre de 2012

"Pelusas" from outer space (recuperado)


Hay relatos en el blog de los que, francamente, me extraña que no reciban ninguna visita. Cayeron aquí en su día y se fueron rápidamente al fondo a sedimentarse con tantos otros.  Reconozco que blogger no es precisamente intuitivo a la hora de navegar (en este caso bucear) en los contenidos. No ha valido de nada el añadir un acceso directo al "Diario de un mentiroso" (colección que incluye este relato) en la columna de la derecha; nadie está dispuesto a descender tres "clicks"  en las simas abisales de lo ya publicado.  Algo, que no viene mucho al caso, me ha hecho recordar esta divertida y perpleja historia, así que me he enfundado en el traje de neopreno, ajustado las gafas y las aletas, zambullido en el blog  y... ¡aquí lo tienen de nuevo! ¡A ver si así lo leen! ¡Perezosos! 






"Pelusas" from outer space. M. Guinea



Todos sabemos, o creemos saber, qué son las pelusas, ¿no? Mientras tuve perros no me planteé el problema: Las pelusas eran —naturalmente— de los perros. Quiero decir, que se producían por el pelo que soltaban los perros  y esas cosas, y a mí me parecía tan natural que anduvieran por ahí de un lado para el otro hasta que eran barridas o aspiradas.

Luego, ya sin perros, seguía habiendo pelusas... pero, bueno, siempre he vivido con alguien; todas mis  compañeras (sucesivas) han tenido un magnifico cabello, brillante y terso, que cepillaban cada mañana —me encantaba cómo olía su pelo, limpio y aireado— con lo cual, ni me lo planteaba, las pelusas eran de mis mujeres.

Ahora que vivo solo, llevaba un tiempo en el que me sorprendía que siguiera habiendo pelusas, así que decidí vigilar disimuladamente y ver si podía averiguar de dónde diablos salían esas condenadas y sutiles madejas. El caso es que al observarlas con atención vino la gran sorpresa y no tuve más remedio que reconocer que parecían dotadas de inteligencia. Por ejemplo, si me veían con la aspiradora demostraban bastante maña para irse rodando de un lugar a otro buscando rincones inaccesibles o rendijas en donde esconderse. A las pocas horas, cuando yo lo creía todo limpio, pronto las veía revolotear por ahí de nuevo. A su bola.

Pero la prueba palpable no me llegó hasta el otro domingo: Tenía abierta la puerta de la terraza del dormitorio para que se ventilase y yo andaba por la cocina trasteando. Algo pareció alertarme. No sé. Un instinto especial, intuición, un aviso. Llámenlo equis. El caso es que volví cautamente de puntillas sin hacer el más mínimo ruido y, cuando me asomé a la puerta de la habitación, allí las vi: dos magníficas bolas de pelusas colándose subrepticiamente, mirando hacia adentro del cuarto. No sé si me sintieron, supongo que sí, pero el caso es que, de repente, volaron con toda rapidez a esconderse debajo de la cama, su sitio preferido. Salí corriendo a la terraza y, por un segundo, me pareció todavía ver perderse tras la esquina el destello de la minúscula nave interplanetaria de la que habían desembarcado.

Ya no cabe duda. Estamos siendo estudiados, analizados, observados por estos extraños seres de los que no sabemos qué fines oscuros pueden albergar ¡La Humanidad nunca antes había estado en un peligro tan grave! ¡Somos vulnerables, muy vulnerables! ¡Lo saben todo! ¡Todo! Hasta nuestros más íntimos secretos de alcoba


viernes, 9 de noviembre de 2012

Arquitectura viva


¿No lo han sentido? ¿A veces no han creído formar parte tan solo de un organismo que vive gracias a nosotros aunque ajeno a nuestra existencia? Enzimas digestivas, bacterias, protozoos, pupilas, nervios ópticos…




La mirada poliédrica

Duodeno azul

jueves, 1 de noviembre de 2012

Pequeña poesía recortable


Sol
Café
Sonrisa
Beso
Tostada
Adiós.
—Hasta luego.
Te quiero.
—Y yo.

……………………………. Cortar por la línea de puntos …………………………….


¡Blam! (puerta)
Ascensor
Garaje
Coche
Cinturón
Radio
Atasco
Distracción
Acelera
Rojo, verde, stop
Rojo, verde, stop
Rojo, verde, stop

……………………………. Cortar por la línea de puntos …………………………….


Oficina
Ordenador
¡Ring! (teléfono)
—Hola amor.
«Cabrón»
—No pude llamarte
«No podemos seguir así. ¿Se lo dirás?»
—Se lo diré
«Te quiero»
—Y yo.
«llámame»
—Sí.
«Hasta luego»
—Adiós

……………………………. Cortar por la línea de puntos …………………………….