sábado, 20 de octubre de 2012

Tu olor en las almohadas




Ya se perdió tu olor
de todas las almohadas.
Los cajones —definitivamente—
se vaciaron
de tus pequeñas cosas
y los anaqueles de la cocina
no conservan vestigios
de ninguno de tus caprichos.
Los espejos se olvidaron de tu cara
y tu nombre me suena extraño
en cualquier boca.

La muerte avanza a dentelladas
devorándolo todo.
Despedazando espacios
de la casa vacía.
Llenando de rincones oscuros
las tardes de verano.
Limpiando
el polvo que dejaron las risas,
los ecos de las voces,
el rastro de miradas,
las huellas de tus dedos
en los pomos de las puertas,
de tu frente
en los cristales de las ventanas.

Las fotos languidecen
desnudas en una caja,
sufriendo una mutación atroz
que te convierte en extraña.
¡Extraña!
La música, se aburre.
Las lámparas, se apagan.
La noche es sólo noche
—ocho horas de cama—

Ya se escapó tu olor
De todas las almohadas



(Vea el vídeo aquí---> Tu olor en las almohadas. Poemas con voz)

Padre Sol, madre Tierra...


viernes, 12 de octubre de 2012

La buena o la mala suerte




—... y entonces en un sorteo del supermercado me tocó una bicicleta de montaña.
—Buena suerte— dijo bajito Viviana. Viviana es delgada con un pelo rubio largo y liso. Tiene unas piernas infinitas que muestra generosamente enfundadas en sus pantis negros. Viviana es sicoterapeuta y, por supuesto, argentina. Había acudido a ella siguiendo la recomendación de un amigo que está harto de verme arrastrar mi desesperanza tras la última, la enésima, ruptura sentimental.
—Sí, bueno, me hizo bastante ilusión; aunque no montaba en bici desde chico —y continué—. Estaba muy verde; me faltaba la habilidad necesaria para dominar la bicicleta. Como me sentía tan agobiado por la situación de crisis de pareja en la que me encontraba, me fui a vivir solo a un pueblo de las proximidades. Allí me volqué furiosamente en el trabajo y en dar pedales como un loco por el campo. Asumía más riesgos de los que podía manejar…
—¿Y? —me animó a proseguir Viviana.
—Sólo era cuestión de tiempo. Me pegué un castañazo de esos de antología. Varios huesos rotos. El brazo, las manos... 
—Mala suerte.
—Sí, ¿verdad? Como no podía conducir, ni prácticamente valerme en nada, mi joven fisioterapeuta, con la que tenía una relación de lejana amistad, comenzó a visitarme en casa…
— ¿Y? — preguntó Viviana.
—Nos enamoramos como locos y comenzó la más bella historia de amor que te puedas imaginar…
—Buena suerte.
—Ese amor me lleno de esperanza y vida. Fue como renacer. Vivimos juntos durante cuatro años pero, al final, la diferencia de edad fue imponiéndose y dejando claro que teníamos distintos proyectos de vida: yo ya tengo hijos mayores… en cuanto pueda me retiro…ella lucha por sacar adelante su negocio, quiere tener hijos…Con todo el dolor del mundo, tuvimos que dejarlo….
—Mala suerte.
—Sí, muy mala. Luego he tenido varias relaciones, pero el hueco que ella dejó en mi vida es tan grande que poco a poco me he ido deslizando en la depresión hasta un punto en el que tengo que reconocer que necesito ayuda. Un amigo me recomendó que viniera a verte…
Aquí me paré. Nos miramos en silencio un largo rato. Era la quinta sesión que teníamos y la primera en la que realmente yo me estaba soltando a contar las cosas de verdad, desde el fondo de mi corazón…
—¿Recordás que te dije que yo no podía ser tu terapeuta y vos insististe?
Claro que lo recordaba. Ya desde la segunda entrevista le dije que me resultaba tremendamente atractiva.
—¿y recordás las condiciones que puse para que pudiéramos seguir? —Viviana me miraba a través de las rejas de su flequillo dorado; le dio una pitada al cigarrillo y me volvió a observar, esta vez de soslayo, mientras disparaba el humo al techo con una pregunta en los ojos llenos de empatía.
Aproximé mi cara a la suya.
—¿Y...? dejó caer la pregunta en un susurro, casi inaudible, en mi oído.
—Buena suerte —mascullé apenas, con mi boca ya entretenida en sus labios.
Una deliciosa sensación de calor tibio me llegaba desde su cuerpo. Mientras la abrazaba, sentía en mi boca mezclarse los sabores dulces y amargos de mis próximas felicidades y desdichas…¿o era la nicotina?