martes, 21 de agosto de 2012

COPLAS DEL CENTINELA EN CEUTA



En el año 1975, con el dictador ya moribundo, fui reclamado para hacer el servicio militar. Se me terminaron las prorrogas por estudios que había ido solicitando y, después de tres meses de instrucción (que ironía de palabra), que los pasé en Cádiz,  acabé secuestrado en Ceuta durante más de un año. Me encontraba en otro continente, sin un duro, sin libertad y sin posibilidad de ganarme la vida; a más de 700 kilómetros de distancia — brazo de mar incluido— de mi mujer y de mi hijo. El estar fichado por la policía debido a mi compromiso político supongo que también colaboró a ponerme las cosas difíciles por aquel entonces.

Desde lo alto de la fortaleza ruinosa del monte Hacho, convertida en prisión y polvorín, veía a los transbordadores — a los que llamábamos La Paloma— cruzar las fuertes corrientes del Estrecho para llegar a la, para mí inalcanzable, Península. Sentado en aquellas soledades y apoyando sobre el fusil un trozo de papel, con un lapicero pergeñaba estas coplas de amor y de nostalgia por todo aquello que tanto quería.

Durante más de treinta años las di por perdidas; una feliz casualidad me hizo recuperarlas de nuevo por lo que me decido a publicarlas hoy en este blog.  Ojalá las disfruten tanto como yo lo hago.





COPLAS DEL CENTINELA EN CEUTA


(1)

Barco que vas muy lejos
llévame antes
que me haga viejo.

Barco que la distancia espantas
¿no escuchas las voces
de mi garganta?

Barco que rompes el mar,
mi niña no tiene
con quien amar.

Barco que surcas las olas
llévame con mi amante
que duerme sola.

Barco de hierro mohoso
arrastra mi voz
de tierno esposo.

Barco de canción marinera
llévame hasta ella
que dulce espera.

Barco que combas tu vela
llévale el llanto
del centinela.



(2)

Barco en el fondo del mar
¿por qué te fuiste
a naufragar?

“Tenia de penas
la sentina
 llena”

Ahora, apoyado en el suelo
encuentras en el fondo
tu justo cielo.

Y tienes, en las simas abisales,
el rojo trono
de los corales.

Los alegres delfines
forman tu coro
de serafines.

Los pececillos burlones
comen tu carga
de corazones

y los hundidos amores
vuelven los peces
de mil colores.



(3)

Barco de rumbo fijo
¿llevabas juguetes
para mi hijo?

Niño con dos años, siempre riente,
olvidado del padre
que vive ausente.

Sueña con un barco que viene de noche
y le trae caramelos
y un caballo y un coche…

¡Ríe, con tu boca chiquita,
que tu padre te escucha
en la garita!

y tu risa ligera
hace más corta
la larga espera.



(4)

Barco que cruzas el estrecho
desclavas el ancla
dentro del pecho

y atraviesas la corriente
que me separa
de mi buena gente.

Que yo te contemplo,
silencioso y callado,
como en un templo.

Y rezo mis oraciones
que voy escribiendo
como canciones.

Liturgia santificante,
cumplo mi oficio
de vigilante.

A la tierra que lejos asoma
tiendes tus alas
blanca paloma.

Volando sobre el añil
tú anuncias la paz
y yo el fusil.



(5)

La pena es bien sencilla:
todo un mar
hasta la orilla.

Y te tiembla el cuerpo entero
lleno de ansias
de marinero

y, ruin de los ruines,
te quedas guardando
los polvorines.

La pólvora dormida,
monstruo yacente
en su guarida.

Y en el monte una prisión
que mandó construir
algún cabrón.



(6)

Barco que vas muy lejos
—¡quién manejara
tus aparejos!—

Dile a mi amante
que tengo el alma
como un gigante.


(7)

Y si se desvela...

que cante las coplas
del centinela.