lunes, 23 de abril de 2012

Sin ojos por el espacio


El otro día tomé prestado de la biblioteca de mi pueblo uno de los últimos libros de poemas de Charles Buwkoski: Poemas de la última noche de la Tierra,  en donde el viejo “Chinaski”, ya sobrepasados los setenta años de edad, nos regala su visión del mundo hecha con retazos de un decadente y lúcido pesimismo.  Aunque en España  es mucho más conocido por sus relatos, para mí —sin duda  y  ante todo—  Bukowski es poeta; un magnífico poeta.

El poema que les ofrezco grabado en video no es de los más conocidos y,  por lo que yo sé, no suele aparecer en las compilaciones. Tampoco lo he encontrado en youtube y por eso me he animado a subirlo, casi obligado por mi conciencia, a pesar de que, con los años, esta se haya vuelto cada vez más perezosa y menos didáctica y evangelizadora. En el libro, este poema, junto con otros, estaba marcado por un entusiasta lector con el método ese, bastante frecuente y un poco paleto, de doblar la esquinita de la página. Aunque no soy nada fetichista con los libros, no me gusta que se maltraten los que son de uso común y, a veces, hasta los reparo antes de devolverlos cuando los veo deteriorados. Pensándolo bien, mientras lo escribo, lo que posiblemente me moleste, dado lo cascarrabias que suelo ser, es que me dirijan la lectura con indicaciones o subrayados. En estos días apacibles que ahora estoy viviendo en los que me intereso casi por cualquier cosa, con este libro que comento, en vez de molestarme con el desconsiderado lector anterior, me he fabricado el divertimento de aprovechar estas involuntarias pistas que dejó para intentar hacerme un retrato mental suyo. Quién sabe si no seré capaz de reconocerlo cualquier día por la calle. Sí, ya sé. Debo de estar a punto de entrar en el Nirvana.

Respecto a la grabación, ¡qué quieren que les diga! He intentado hacerlo lo mejor posible, bien es verdad que sin demasiado éxito. Y, además, varias veces; no se crean. Primero, probé a emborracharme; a ver si me salía la voz rotunda y quebrada del mejor Bukowski. Me agarré una toña monumental y no recuerdo muy exactamente lo que pasó después, aunque tengo que reconocer que el resultado, aunque desigual, no dejó de ser interesante. Un poco gritón, balbuceante y trabucado. También probé suerte un día que tenía un catarro de cojones,  y perdonen por la expresión, pero ya que estamos metidos con el realismo sucio para qué vamos a andarnos con ñoñerías.  Quedó mejor —algo gangoso— aunque al final acabé por joderla con eso de la tos y de los mocos. Tras otros varios intentos he llegado a la conclusión de no preocuparme por decirlo como él lo haría sino como a mí me sale. Cada uno es cada uno. ¿Verdad que sí, Henry, mamonazo?