viernes, 9 de marzo de 2012

La hiedra


¿Por qué?, ¿por qué habría de darte un poema más,
si vienes hasta aquí descalza, silenciosa, anónima y furtiva?
¿Si no pagas con una moneda de plata?
¿Si no levantas la cara para dejar una mirada o una sonrisa?
¿Si te vas sin traslucir un gesto; impasible,
como si leyeras la condena de una nube
o la lotería de una ola?

Pero, tú sabes que yo los vendería todos por dos céntimos.
Tú sabes que yo los lanzaría al aire como octavillas.
Tú sabes que los cantaría cada mañana al asearme
con la ventana abierta al patio de vecinos.
Tú sabes que me nacen de dentro
 y me salen por la boca, frondosos,
como tallos de una hiedra aterradora.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Los Despertares de San Ifón





Algunas experiencias unitivas, unas místicas y otras no tanto, del divino San Ifón , amante del silencio, pero maestro de la palabra.

por Miguel Guinea






Despertar (III) : Mediodia


Me levanté a orinar. Contemplé con satisfacción el grueso chorro chocar con fuerza en las paredes del váter. Todavía quedaban algunos rastros tuyos por el baño que fui descubriendo poco a poco mientras me lavaba la cara y los dientes: una pequeña toalla tirada en el bidé, un pastillero de plástico, ya vacío, y la huella borrosa de un corazón pintado, sin muchas ganas,  con el dedo, sobre la superficie del espejo.

Totalmente despierto,  volví a la habitación. La luz del mediodía se filtraba suavemente por las cortinas. Debía de ser tardísimo




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Despertar (II) : Éxtasis





Todos los objetos, pequeños y grandes, parecían estar conectados entre sí unidos por tramas sutiles que se habían ido fabricando con el tiempo; existiendo en otra escala, otra dimensión en la que los hombres no cumplíamos otra función más que la de meros auxiliares para que todo encajara, para que todo eso fuera posible; una función no mayor que la que realiza una bacteria en un proceso metabólico totalmente ajena,  inconsciente, de su propia trascendencia.

Lentamente me fui empapando por esa  sensación, un sentimiento místico que, como por ósmosis, penetraba por todo mi ser.  Abandonada, perdida, toda  ilusión de posesión,  me incorporé, como uno más, a ese torrente de existencia inmanente que me rodeaba. Una gota más de un río que fluía sin cesar. Siempre el mismo. Siempre diferente.





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martes, 6 de marzo de 2012

Despertar (I): Diálogo inanimado






Hoy al despertar los he visto. Hablaban de sus cosas, totalmente ajenos a mí. Tendían hilos entre ellos, y con los otros objetos de la habitación, cruzando todo el espacio con sonidos inaudibles;  con relaciones invisibles hechas de pequeñas connivencias que nos pasan desapercibidas: rayos, reflejos, crujidos, motas de polvo, disimuladas sonrisas…


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