jueves, 2 de febrero de 2012

El Hotel ***** Fantasma


Foto: Metro y pico,  por M. León


Intento imaginar
los salones vacíos
las mesas arrumbadas
la cocina silenciosa
los pasillos oscuros
las camas sin ropa
los wáteres sin agua
los grifos roñosos
las persianas rotas
los ascensores inmóviles
los botones ya viejos
las doncellas ajadas,
el maitre en camiseta,
desterrado en su casa de Córdoba,
acodado a la ventana,
soñando con marquesas y vino,
contando olivos al atardecer;
los camareros sin afeitar
los suelos desnudos,
los radiadores purgados,
desangrados en óxido,
y las cañerías colonizadas
por eficientes cucarachas rubias.
La humedad creciendo
en los rincones oscuros,
las puertas con arañazos sañudos
de ariscos gatos furtivos
y, en todas partes, los ecos…
los ecos de antiguas conversaciones
en cien idiomas diferentes,
—maletas y piernas abiertas—
risas, gemidos, suspiros,
portazos,
mientras, afuera, explota la noche;
pelos en los lavabos,
música de baile,
constantes guiños de luces
en la infinita fachada
lanzando a la ciudad
su mensaje codificado
de vida palpitante;
espaldas sudorosas de todos los calibres,
rodando entre sabanas ansiosas de amanecer;
pedazos de ilusiones en tránsito hacia cualquier parte,
fantasmas de un pasado olvidado, detenido,
putrefacto, moribundo, desteñido,
como ese papel que el tiempo
ha ido despegando,
laciamente, de las paredes.