martes, 10 de enero de 2012

La mujer fenicia


La mujer fenicia… En el papel gastado.
Y ahí está tu mirada que me atrapa, como lo hacía antaño.
¡Ojos oscuros, vivos, despiertos, cómo moscardones en verano!
Y el óvalo gracioso de tu cara -que un día descansó en mis manos-
encerrando unos labios gordezuelos, tiernos, sonrientes, húmedos, cálidos.
Y esa nariz de potranca joven, respingona, anhelante, respirando.
Que olfatea con deseo la vida desde sus ventipocos años.
Las cejas que se atreven con líneas de ojivas morunas, plateados olivos, infinitos arcos.
Y la luz quemada del fondo -que sugiere un contraste de frondas, árboles y pájaros-
Dejando afuera un mundo que se adivina como escenario del tuyo, a tu servicio, complementario.
Un espacio rendido a orillas de tu cuerpo; extranjero tras la frontera de tus brazos.
Los hombros desnudos, redondos, morenos, suaves; hechos de limones soleados.
Y tu cuerpo esbelto -entallado de palmeras- como al mar asomado.

Recuerdo la plaza, los bancos, la sombra de los grandes ficus, y el atronador gorjear de pájaros.
¡Y ahí está de nuevo! ¡Tu mirada que me atrapa!, tal como lo hacía antaño;
Con su gusto de arroz con leche, canela, corteza, ánforas y vino, comercio, panes y barcos.
Te contemplo como si fuese por primera vez. Conmovido, alucinado.
Desde el fondo de mis entrañas, removido. ¡Ahora sí que te reconozco! ¡Por fin lo he comprendido!
Eras la mujer fenicia venida de otro tiempo para complementarme, para estar a mi lado.
Resucitada, transmitida a través de generaciones que conservan tu molde intacto.
Surgida de las entrañas antiguas de la tierra. Hecha de chispas, de hierro, de plata, de estaño; de marfil, oro y papiros; de dulzura, alegría y barro.
Regida -sin tú  saberlo- por viejos ritos milenarios; mantenidos por tus ojos; asomados a tus labios.
Y ahí estas... ¡como si tal cosa! Sentada en la silla de la terraza... Con tu vestidito de verano...
Cuando en realidad yo te veo perfumada de alumbre e incienso. Envuelta en seda. Con tacto de nardo.
Con tu enigmática sonrisa hoy me observas; me miras -igual que en aquellos días- desde este papel que el tiempo ha gastado;
Con esa secreta pregunta en tus ojos
Que yo nunca he contestado.