jueves, 10 de noviembre de 2011

Nuda, desnuda duna.

Nuda, desnuda duna,
hiperbólica destreza,
matemática belleza
en senos tan oportuna;
por tu piel de arena
resbalaron cada día
mi boca obscena
y mis manos frías.

Desde lo profundo 
de tu anatomía
hueles a sal, suenas a aljibe,
Sabes a mar, a algas,
a noche con estrellas,
a calabazas  silvestres y manzanilla.
No hay quien te esquive
montaña hecha, grano a grano,
de cándida luna llena.

Te espero cada noche,
traída por el viento;
por la música tranquila que suena;
por la luz de la vela
que tiembla en mi mesilla;
por mi lamento.