domingo, 13 de noviembre de 2011

Charis Wilson y la magia de las dunas


El otro día a cuenta de la nostalgia estuve hablando de refilón de Hagemeyer y de Carmel. Quería haber escrito más, mucho más, pero veía que se me escapaba el tema principal y entonces no lo hice. Se me quedó por dentro una montaña, grande y apasionada, que me ha estado brotando (misterios del alma humana) en forma de poesía (?). Aunque bien pensado, tampoco es tan extraña esta erupción de versos -de removidas lavas interiores-  si tenemos en cuenta que la mayor parte de estas cosas en realidad son símbolos o arquetipos de mi propia existencia. Yo quería hablar de todas esas ideas que se me venían a la cabeza girando alrededor de Charis Wilson y de Weston, pero sobre todo de Charis y del amor. También de esas dunas del océano Pacífico y de las tertulias de intelectuales discutiendo de arte o arreglando el mundo; del amor entre personas separadas por un abismo de edad, y entonces hablar también de ti y de mí; de los artistas sin un céntimo, de la especulación en el mundo del arte, de lo injusto que representa beneficiarte sólo con una milésima parte de lo que puede llegar a cotizar tu obra. Hablar de los paraísos; los perdidos por unos y encontrados por otros; de los lugares con caracter que se transforman en lugares con encanto, pasto del consumo; de Carmel by the Sea y de lo cool; de los Caños de Meca, del Cabo de Gata y de Ibiza. De Clint Eastwood y de su rancho, con las noches de jazz y los días de golf. De la fotografía y la guerra; de Hagemeyer tocando la flauta en los campos de instrucción, del servicio militar; de los retratos a los soldados por unos pocos dólares como recuerdo para sus novias; de la segunda guerra mundial y los permisos temporales, rebajado de matar y de que te maten. También del contraste entre Holanda y California, los campos de tulipanes y el desierto; de la vida vegetariana y el anarquismo; del abandono y lo que representa huir de un sitio porque se desvirtúa y ya te hastía.



De ti, Weston, de tus incontables mujeres, de la paciente Flora y de Margrethe que te abrió los ojos y la vida a otra forma de pensar, de tantas otras que te entregaron sus cuerpos, que fotografiaste, que amaste. De tu estudio en Méjico con Tina Modotti la bella activista revolucionaria que arrimó su corazón generoso a España y nos echó una mano en lo del 36;  de Diego Rivera y Frida Khalo. De las tendencias en fotografía;  del pictorialismo y el realismo y el grupo F/64 y las discusiones con tu amigo; con Hagemeyer. De las formas musculosas de los pimientos y las redondeadas de las conchas; y de la delicada arquitectura de las hojas de col y los corazones de alcachofa. De las dunas y las jóvenes desnudas. Del amor sin barreras, apasionado desde el primer día. Del ansía de libertad y de los celos. Del parkinson y la depresión; del abandono y la ruptura. De la juventud y la vejez; la enfermedad, el declive y los pujantes proyectos de vida y la imposible coexistencia de ambos. De los jóvenes sindicalistas apuestos. ¿Te acuerdas de Noel? : se casaron un día después de vuestro divorcio. Pero eso tú ya lo sabías. Hablar de tus cenizas arrojadas al mar y de los trescientos miserables dolares que tenías entonces en tu cuenta del banco.


De la desnudez; de lo inocente que puede resultar la desnudez desnuda, desprovista de artificios; de su pureza estética al integrarse con la naturaleza. Del recuerdo; de vivir marcado por el recuerdo de alguien que ya ha muerto hace mucho tiempo. Y entonces hablar de Charis, sobre todo de Charis: modelo, amante, musa y esposa. Aun bella en su casa de Santa Cruz a los noventa años; de su muerte en los días cortos de un noviembre como este hace muy poco tiempo. De las dunas y el océano, y de la inteligente Charis que escribía por ti los artículos que luego firmabas. Pero sobre todo de las dunas: sedimentos, montañas trituradas, digeridas, (dune, nude). Dunas que surgen del agua con hambre de sol y tierra; lentas olas de arena con sabor a mar, pronto conquistadas; colonizadas, por espartos y barrones, por coleópteros y nidos de pájaros, otra vez por el amor, otra vez por la vida, otra vez por la muerte pero, sobre todo, yo, de lo que quería hablar, era de Charis.