domingo, 23 de octubre de 2011

Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…



Veo los videos de la muerte de Gadaffi; primero uno donde es zarandeado por una turba, con el rostro ensangrentado y la mirada perdida; luego otro, donde se le exhibe, ya exangüe, como un gamo al que se ha abatido a tiros. Le alzan la cabeza sujetándola por los pelos, y el cuello no es más que un rollo de carne que la une al tronco. Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…

Recuerdo haber visto otro que mostraba a Sadam Husein con aspecto de mendigo, barbudo, escondido en su agujero; y luego otro más, donde aparece desafiante aunque envejecido, con la cabeza descubierta y una soga con un gran nudo al cuello, en el momento de ser ahorcado, colgado como un cerdo en día de matanza en medio de una fanática algarabía.  Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…

Tendremos que esperar veinticinco años, a que se desclasifiquen, para ver las fotos y el video del cadáver de un Osama Ben Laden cazado en una montería organizada por la Casa Blanca en su coto tercermundista de Paquistán. Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…

… y recuerdo, también,  la costumbre romana de cubrirse el rostro dignamente con la toga, para no exhibir la propia muerte; hace más de dos mil años de esto, mucho antes de que existieran youtube y los teléfonos móviles, aunque, eso sí, entonces estaba Suetonio que lo cascaba todo: «... Viendo entonces puñales levantados por todas partes, envolviose la cabeza en la toga y bajose con la mano izquierda los paños sobre las piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte inferior del cuerpo. Recibió veintitrés heridas, y sólo a la primera lanzó un gemido, sin pronunciar ni una palabra»
Suetonio, Los doce cesares, Cayo Julio Cesar,LXXXII.

El imperio económico que ahora nos domina —no sé por qué digo ahora— que nos ha dominado siempre, primero usó y después liquidó a estos personajes que se olvidaron de que eran marionetas; pinochos que no veían sus propios hilos bailando sobre millones de dólares. Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…

Sus pueblos, una vez librados de ellos, han seguido igual: con un disfraz estrecho de democracia drogada, dirigida, entregada y colaboracionista —cuando no, envueltos en luchas fratricidas— y sin constituir ya una amenaza para los intereses económicos de occidente. Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…

La opinión pública de los países desarrollados aplaude: «¡Bien! ¡Viva! ¡Democracia y libertad!» y eleva, agradecida, su oración a sus gobernantes:  "El petróleo nuestro de cada día dánosle hoy...y no nos dejes ser como estos  salvajes desarrapados, amén"»  Al-lâhu Akbar, Al-lâhu Akbar…


La opinión pública… me pregunto si eso de pública le vendrá por ser la más prostituida.