martes, 9 de agosto de 2011

Romances de ciego (y mudo). II.- Las mujeres (texto y video)






Del País los ciudadanos
Escuchen con atención
Que hoy vengo a hablarles
Del amor y la pasión.

Lo más importante del mundo
Según mi consideración
Es el amor y las mujeres
O las mujeres y el amor.

Que no sabría quién primero
Debe ocupar el lugar
Pues si las mujeres son buenas
Es más importante amar.

Por suerte o por desgracia
Soy doctor en esa ciencia
Pues los campos del amor
He labrado con paciencia.

Quizás por ser también ciego
Amor de mí se compadeció
Y tan generoso me dio
Del amor tanta experiencia

Que he gozado con mujeres
De todo tipo y tamaño,
Desde la flaca garbosa
Hasta la que tenía buen año.

Las altas y las bajitas,
Pelirrojas y morenas,
Todas sirven como cenas,
Todas las hambres quitan.

Pues mi tremendo apetito
Me ha llevado a degustar
Cualquier bocado que estuviera
En el plato o… ¡por cazar!

Y así me pasaba con creces
—Bien en casa, ya en la fonda—
Que siempre adelgazaba
Aunque comiera dos veces.

Ya les paso a relatar
—Tengan un poco de paciencia—
Como a pesar de mi denuedo
Hice de toro en el ruedo
Ya por cuernos o querencia
(o por atender a sus ruegos.)

Tuve una que era gallina
Y no porque puta fuera
Sino que...¡no dan las cinco...
Y ya por todo cacarea!

Mujer que así se despierta
Con tanta gana de hablar
No se calla sino muerta
y la tuve que enterrar.

No teman que no fue crimen
Sino que abandoné mi predio
Y aunque me fui en barco
Puse tierra de por medio.

Con la experiencia ingrata,
Arribé a la dulce Cuba
Y encontré, medio desnuda,
A Tomasa, "La Mulata".

Más que un Toma era un dar.
Tan dadivosa en el amor
Que motejáranla mejor
"Generosa, en el pajar"

O "Davidoff", como el puro
(Davidova, en femenino)
Que lo ponía siempre duro
Con la ocasión de fumar.

Diez años pase a la cubana
Y no fue, de mujeres, lo peor
Que aunque se me pasó el arroz
Me mantenía escurrido y seco
Cual si fuese un albornoz.

A todas horas arroz comía
Ya no buscaba nada fuera,
— ¡si con lo de casa no podía!—
y resultaba inaudito
ir con el plátano frito
Y los huevos por bandera.

Total que del calor harto
Y antes que sufrir un infarto
Volví a casa y, a la primera,
…¡me casé con friolera!


Estreñidas de pies fríos
Esas son ya otro cantar
Que a cientos las encuentras
Sin tenerlas que buscar

Ya tan a gusto y en la cama
Se te vendrá a arrimar
Y si echas un casquete
Será un casquete polar.

Como témpanos de hielo
Los pies depositará
En tus partes, las más tiernas,
Las que vas a necesitar,

Que con el frío retrocediendo,
—Al contrario que un glaciar—
Ya se irán disminuyendo
Siendo inútiles al menguar.

Y aunque Dios nos dio la lengua
Que no la tengas que usar
Con mujer tan estreñida
Y con tanto que ha lavar.

Que no la alabaría tanto
Ni tan siquiera un juglar
Aunque fuera Reina Católica
Con los bajos por granar.

Y no porque aun sea virgen
O venga Granada a conquistar
Sino por ese culo tan fiero
almorranado y granero.

Que su culo es un granero
pleno de granos a reventar
y alacena de las cenas
sin que sepan ¡pobrecillas!
en chorizos o morcillas
la salida encontrar.

A las puertas de su baño
Vi toda la vida pasar.
Esperé más de cien años
De febrero a Navidad

Que ni siquiera los Reyes
Que a Jesús van a adorar
A pesar de ser tan Magos
La pudieron hacer cagar.


Me fui con otra, "La Josefina"
Y era tan de buena reputación
Que más que puta era reputa
Y yo más que cabra, cabrón.

Era mujer de jaqueca fina
Y de familia con gran blasón
Pero a la menor ocasión
Abusaba de ese don
(yo diría que con-dón)
Con el hombre del reparto
Y para mí me dejaba
solamente la aspirina
Así que... ¡ya estaba harto
De la fina Josefina!

Y un día que la jaqueca
(Se ve que bebió algún brebaje)
Quiso darle un descanso
Y vino a buscarme sin traje
(Ni siquiera en camisón)
Me canse de ser tan manso
Y, tirando un buen derrote,
Para tapar sus vergüenzas,
No con capa ni con capote,
Le aticé un buen capón
Con la punta del cipote

¡No vean como cambió!
Se ve que se aficionó
Y que le iba la marcha
Y me pedía a menudo
Que le diera con la plancha.

A pesar de ser tan fina...
¡Hay que ver qué rara era!
¿Pues no va un día y me dice
Que «Siendo ella mi "esposa"
Mi obligación primera
Era "esposarla" en la cama
Desnuda junto a la cabecera
Y que le diera mil azotes,
Que me meara en su boca
Y en su nariz me peyera...»?

No me gustan cosas raras
Así que de allí salí corriendo
Y ahora me encuentro más solo
Que la flauta de Bartolo.

Que, no sé si por desengaño
O si tendrá que ver la edad,
La toco de higos a brevas
Y siempre por casualidad.