lunes, 25 de julio de 2011

La hierba del diablo

Aquí estáis. Creciendo en el solar de al lado de mi casa. Inadvertidas, ignoradas, llenas de vuestro extraordinario poder.   



“Si completas con bien el segundo paso -dijo don Juan-, sólo podré enseñarte otro paso más. Al ir aprendiendo sobre la yerba del diablo me di cuenta de que no era para mí, y ya no adelanté más en su camino.
- ¿Qué le hizo decidir  en contra de ello, don Juan?
- La yerba del diablo estuvo a punto de matarme todas las veces que traté de usarla. Una vez me fue tan mal que me di por acabado. Y sin embargo, yo habría podido evitar todo ese dolor.
- ¿Cómo? ¿Hay alguna manera especial de evitar el dolor?
- Sí, hay una manera.
- ¿Es una fórmula, o un procedimiento, o qué?
- Es una manera de agarrarse a las cosas. Por ejemplo, cuando yo estaba aprendiendo sobre la yerba del diablo, era demasiado ansioso. Me agarraba a las cosas de la misma manera que los niños agarran dulces. La yerba de diablo es sólo un camino entre cantidades de caminos. Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino;  si sientes que  no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un camino es nada más que un camino, y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. Es una pregunta que sólo se hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me hablo de ella una vez cuando yo era joven, y mi sangre era demasiado vigorosa para que yo atendiera. Ahora sí la entiendo. Te diré cuál es:  «¿Tiene corazón este camino?»
Todos los caminos son el mismo: no llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral. Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte. Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor. ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte el otro te debilita.”


Las enseñanzas de Don Juan.  C. Castaneda