viernes, 10 de junio de 2011

El árbol enamorado

—¡Pssh, señorita! Le importaría hacerme compañía por un momento.
¡Es tan aburrido estar aquí a solas!
¡Fíjese que agradable la sombra; el canto de los pájaros!
Tengo que confesarle que ya me he fijado en usted hace bastante tiempo.
Todas las mañanas espero impaciente el momento en que sale del portal y se va por la calle, cuesta arriba, hacía la parada del autobús.
Surge usted tan radiante, tan luminosa.
Me gustaría acompañarla, pero no puedo moverme.
También  por la noche vigilo cuando vuelve a casa;
Usted no lo sabe y mira precavida a uno y otro lado antes de abrir el portal,
pero yo estoy aquí, alerta, dispuesto a darle un ramotazo a cualquier imbécil que quisiera molestarla.
¿Cómo? ¿Ya se va? No me mira, no me escucha
¿No comprende lo que le digo?
¿No entiende el susurro de mis hojas;
el bullir de mi savia;
el aroma de mi corteza enamorada?