domingo, 10 de abril de 2011

Las caras.

Tras estudiar siete años seguidos los secretos de la catoptromancia, por fin me atreví a mirar en el interior del cristal buscando las señales de mi futuro; cayó el espejo de mis manos y se rompió en pedazos. El rostro quedó atrapado en trozos de cortantes bordes irregulares. De una cara salieron mil diferentes que se repartieron por el mundo. Cada una hablaba un idioma; expresaba un sentimiento; envejecía a una velocidad diferente.
Estaba convencido de que entre todas ellas se hallaba la clave de mi destino pero el mensaje se me hizo exasperantemente confuso. Hace años que ya no intento descifrar su ruidoso parloteo, los guiños engañosos, las muecas de burla, los gestos adustos… La mayor parte del tiempo ni siquiera las tengo presentes; no las recuerdo.