lunes, 4 de abril de 2011

Dormir...Tal vez, soñar

Abrí los ojos. Allí estaban. Moldava y Maguncia con sus magníficos cuerpos plateados mirándome divertidas a la cara.

—Hola. Te esperábamos—. Nos tomamos de la mano y rápidamente nos elevamos con graciosos movimientos. Astarté y Solial resplandecían en el firmamento y las dobles sombras que provocábamos cada uno de nosotros hacían dibujos en los prados llenos de flauntos esplendorosos. Vagamos de un lado para otro, probando el néctar de los flauntos y nos reímos hasta que ya no pudimos más y, arrebujándonos a descansar al pie de un disantro, nos quedamos dormidos.

Abrí los ojos. El timbre del despertador no cesaba de sonar. Le di un manotazo. Me encaminé al baño a darme mi ducha matinal. Desde el espejo me devolvió el saludo una cara cansada con grandes bolsas bajo los ojos. Metido en el atasco de tráfico repasé mentalmente los temas pendientes: pedir cita al dentista, comprar detergente para la lavadora…

Pasé el día participando en pesadas reuniones sobre los presupuestos del año que viene. Luego, la vuelta a la solitaria casa, la cena viendo una película, repasar el correo, tontear con el ordenador, y por fin, derrotado y entristecido, me fui a la cama.

Abrí los ojos. Allí estaban. Moldava y Maguncia con sus magníficos cuerpos plateados mirándome divertidas a la cara.

—Ja, ja, ja , Qué mala cara ponías mientras dormías —se reían.


—He tenido una pesadilla espantosa —les dije —Imaginaos… ¡ni siquiera podía volar!