viernes, 7 de enero de 2011

Las preguntas del Profesor Guinea: ¿Tiene truco?


Durante un tiempo fui pintor aficionado. Buscaba con la pintura la posibilidad de expresar ese run run que tengo por dentro. Pintaba y, como me pasa con todas las actividades que acometo, me dediqué a estudiar apasionadamente tanto la historia de la pintura como la teoría del color y la composición. Aprendí que cada generación de pintores trabajaba con los retos de su tiempo y que sus intentos de dominar la luz, el movimiento, el espacio, el volumen, la expresión… eran paralelos a lo que hacían otros artistas y científicos contemporáneos a ellos. También aprendí los recursos que empleaban, las regla de los tercios y la regla dorada en la composición, los equilibrios de masas y volumenes, los efectos logrados con las perspectivas forzadas, los escorzos, los contrastes de color, forma y tono...
Y me pasó algo curioso…
Según avanzaba en el aprendizaje dejé de ver los cuadros con la inocencia primera con que los miraba. No es que dejara de percibir las sensaciones sino que ahora sabía en que se apoyaban. Trazaba las rayas imaginarias causantes del equilibrio y armonía que percibía, vibraba la luz por el choque cromático entre esos colores opuestos perfectamente identificables por mí, se alejaba ese horizonte por la frialdad de sus colores empujado por colores cálidos del primer plano… Veía el truco y el truco no me dejaba ver el cuadro como antes.
Desde que existe la cámara fotográfica se le da menos importancia a la exactitud y precisión del dibujo en los cuadros; no sólo porque el registro de la realidad encuentra en ella el más firme aliado sino porque hoy en día es frecuente que los artistas se apoyen en proyecciones y fotografías para ayudarse con el dibujo y a nadie se le escapa esta posibilidad. Sin embargo la utilización en sus inicios de las asombrosas posibilidades de la cámara oscura pudo ser una herramienta poderosa en manos de dibujantes para definir netos perfiles. Eso sí, debían ser cuidadosos ya que las imágenes quedan invertidas en la proyección. ¿Utilizó Ingres, gran defensor del dibujo clásico, esta técnica? (Véase: Las preguntas del Profesor Guinea: La súplica de Tetis) Tras asentarse en mí esta duda ¿no empecé a ver muchos de los geniales dibujos de Ingres demasiado perfilados y carentes de volumen? ¿Tenían truco?
Luego descubrí que eso mismo pasaba con cualquier expresión artística. Por ejemplo la música —de la que no tengo ni idea— tiene su propia teoría musical y también sus propios recursos y si algo nos provoca alegría o melancolía o laxitud es por un uso hábil de determinadas escalas y armonías. Técnicas que siempre que se utilicen provocaran los mismos sentimientos… Tiene truco.
Recientemente aprendí los rudimentos del retoque fotográfico practicando con la fotografía de la cara de una modelo ya de por si bastante hermosa sin necesidad de otra ayuda. Una sencilla lección, para alisar la piel, acentuar los detalles: ojos, labios y dientes, conseguir un cabello con más contraste…La consecuencia ulterior es que ahora no puedo dejar de ver aplicadas estas técnicas al mirar fotografías que antes me impactaban sin saber muy bien el porqué…Veo el truco.
Desde luego los grandes maestros, los geniales creadores, son los que saben integrar estos recursos de tal forma con su obra que la potencian sin hacerlos evidentes.
Algo así me pasa con la naturaleza, el conocimiento de la ley de la gravedad no me estorba lo más mínimo para apreciar la enorme belleza de una manzana cayendo...