miércoles, 12 de enero de 2011

El chuleta de la bicicleta


¡Llevo tantos meses aislado de todo y de todos! La verdad es que nada me interesa. Sólo encuentro la felicidad auténtica cuando me pierdo con mi bicicleta por esos solitarios montes. Una felicidad plena, completa, redonda. Sin deseos, ni expectativas.
Ese día todo parecía brillar de un modo extraño. Las radios y televisiones daban sus mensajes contradictorios y alarmados llamando a la calma. Luego callaron.  La gente desesperada abandonaba las poblaciones colapsando las carreteras de salida o se encerraban en sótanos y bunkers. Yo, ignorante de todo, pedaleaba.