viernes, 21 de enero de 2011

Diario de un mentiroso: Las pelusas

"Pelusas" from the outer space. M. Guinea


Todos sabemos, o creemos saber, qué son las pelusas, ¿no? Mientras tuve perros no me planteé el problema: Las pelusas eran —naturalmente— de los perros. Quiero decir, que se producían por el pelo que soltaban los perros  y esas cosas, y a mí me parecía tan natural que anduvieran por ahí de un lado para el otro hasta que eran barridas o aspiradas.

Luego, ya sin perros, seguía habiendo pelusas... pero, bueno, siempre he vivido con alguien; todas mis  compañeras (sucesivas) han tenido un magnifico cabello, brillante y terso, que cepillaban cada mañana —me encantaba cómo olía su pelo, limpio y aireado— con lo cual, ni me lo planteaba, las pelusas eran de mis mujeres.

Ahora que vivo solo, llevaba un tiempo en el que me sorprendía que siguiera habiendo pelusas, así que decidí vigilar disimuladamente y ver si podía averiguar de dónde diablos salían esas condenadas y sutiles madejas. El caso es que al observarlas con atención vino la gran sorpresa y no tuve más remedio que reconocer que parecían dotadas de inteligencia. Por ejemplo, si me veían con la aspiradora demostraban bastante maña para irse rodando de un lugar a otro buscando rincones inaccesibles o rendijas en donde esconderse. A las pocas horas, cuando yo lo creía todo limpio, pronto las veía revolotear por ahí de nuevo. A su bola.

Pero la prueba palpable no me llegó hasta el otro domingo: Tenía abierta la puerta de la terraza del dormitorio para que se ventilase y yo andaba por la cocina trasteando. Algo pareció alertarme. No sé. Un instinto especial, intuición, un aviso. Llámenlo equis. El caso es que volví cautamente de puntillas sin hacer el más mínimo ruido y, cuando me asomé a la puerta de la habitación, allí las vi: dos magníficas bolas de pelusas colándose subrepticiamente, mirando hacia adentro del cuarto. No sé si me sintieron, supongo que sí, pero el caso es que, de repente, volaron con toda rapidez a esconderse debajo de la cama, su sitio preferido. Salí corriendo a la terraza y, por un segundo, me pareció todavía ver perderse tras la esquina el destello de la minúscula nave interplanetaria de la que habían desembarcado.


Ya no cabe duda. Estamos siendo estudiados, analizados, observados por estos extraños seres que no sabemos qué fines oscuros pueden albergar ¡La Humanidad nunca antes había estado en un peligro tan grave! ¡Somos vulnerables, muy vulnerables! ¡Lo saben todo! ¡Todo! Hasta nuestros más íntimos secretos de alcoba