viernes, 21 de enero de 2011

Diario de un mentiroso: El Diagnóstico


Por fin me decidí y fui al médico. Llevo tanto tiempo encontrándome pachucho. Un malestar difuso. Un “no sé qué” hecho de tardes oscuras y labios vencidos. Como era un médico de estos modernos no hizo ni caso a mis quejas sobre lo cansado que me sentía y las noches de insomnio. Dedicó la mayor parte del tiempo a mirarme a los ojos. No decía nada. Me dejaba hablar y hablar... y me miraba a los ojos.

—Usted padece de banalitis —me espetó de repente.

Pensé que había entendido mal y le repuse:

—¿Usted cree? La verdad es que no noto nada raro en el pene…

— No. No —me cortó—. No he dicho balanitis sino banalitis. Usted tiene una infección de banalidad más grande que un caballo. ¡Ponga algo interesante en su vida, hombre!

Y me sopló ciento cincuenta euros.

La verdad es que me encuentro bastante mejor.