viernes, 31 de diciembre de 2010

Diario de un mentiroso: Las Pelusas.

Todos sabemos, o creemos saber, qué son las pelusas ¿no? Mientras tuve perros no me planteé el problema: Las pelusas eran —naturalmente— de los perros. Quiero decir que se producían por el pelo que soltaban los perros y esas cosas y a mí me parecía tan natural que anduvieran por ahí de un lado para el otro hasta que eran barridas o aspiradas.
Luego, ya sin perros, seguía habiendo pelusas, pero bueno…siempre he vivido con alguien. Todas mis sucesivas compañeras han tenido un magnifico cabello, brillante y terso que cepillaban cada mañana. Me encantaba cómo olía su pelo limpio y aireado. Con lo cual, ni me lo planteaba…las pelusas eran de mis mujeres.
Ahora que vivo solo, llevaba un tiempo en el que me sorprendía que siguiera habiendo pelusas, así que decidí vigilar disimuladamente y ver si podía averiguar de dónde diablos salían esas condenadas y sutiles madejas. El caso es que al observarlas con atención vino la gran sorpresa y no tuve más remedio que reconocer que parecían dotadas de inteligencia. Por ejemplo, si me veían con la aspiradora, demostraban bastante maña para irse rodando de un lugar a otro buscando rincones inaccesibles o rendijas en donde esconderse. A las pocas horas cuando yo lo creía todo limpio, pronto las veía revolotear por ahí de nuevo. A su bola.
Pero la prueba palpable no me llegó hasta el otro domingo: Tenía abierta la puerta de la terraza del dormitorio para que se ventilase. Yo andaba por la cocina, pero algo me pareció alertar. No sé. Un instinto especial, intuición, un aviso, llámenlo equis. El caso es que volví cautamente, de puntillas, sin hacer el más mínimo ruido y cuando me asomé a la puerta de la habitación... allí las vi. Dos magnificas bolas de pelusas colándose subrepticiamente. No sé si me sintieron pero el caso es que volaron desesperadamente a meterse con toda rapidez debajo de la cama, su sitio preferido. Salí corriendo a la terraza y por un segundo me pareció ver todavía perderse tras la esquina el destello de la minúscula nave interplanetaria de la que habían desembarcado.
Ya no cabe duda. Estamos siendo estudiados, analizados, observados por estos extraños seres que no sabemos qué fines oscuros pueden tener ¡La Humanidad nunca antes había estado en un peligro tan grave! ¡Somos vulnerables, muy vulnerables! ¡Lo saben todo! ¡Todo! Hasta nuestros más íntimos secretos de alcoba


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