viernes, 31 de diciembre de 2010

22 de diciembre. Ya es verano

La avenida 9 de julio atrapa la luz de la mañana en las fachadas de sus edificios blancos y en sus amplias perspectivas. Apenas circulan autos a estas horas. Al fondo el Mar del Plata brilla con reflejos de mercurio.
La habitación del hotel tiene un sobrio y elegante estilo basado en maderas oscuras y pesadas cortinas. Cortinas que jamás cerraremos. Desde lo alto de la torre sur se dominan las azoteas de los edificios próximos con sus enormes anuncios luminosos. Contra el cielo azul, casi blanco, enmarcado en el ventanal, se recorta tu cuerpo desnudo mientras rebuscas no sé qué en las maletas abiertas. Abajo se despliega la gigantesca avenida con las copas frondosas de los árboles y sus catorce carriles salpicados de coches y semáforos; todo chiquito, como un juguete o una maqueta.
Afuera de la habitación ya huele a mañana, a huevo frito, a vacaciones, a gasolina, casi a mar, a comercios abriendo… Adentro, aun se acumulan por los rincones oscuros algo de noche, respiración y calor tibio. Triunfan de luz, sin embargo, las tersas y planchadas sábanas blancas arañadas con rastros de nuestro olor. Y la cama y las almohadas conservan los moldes de nuestros cuerpos: Pompeya sin cenizas que emerge del Vesubio de la noche galopando hacía el olvido. Cojines, zapatos y bolsas, en desorden por el suelo. El periódico cuelga del pomo de la puerta con una actualidad que no es la nuestra. Noticias, creadas para otros, gritando desde sus gruesas letras mayúsculas.
Buenos Aires. Verano. Otra vez.