martes, 28 de septiembre de 2010

Las cosas bellas

 
Hoy, como lo he hecho durante todos los días de mi vida, he sacado a la calle mis viejos tesoros.
Esos artículos que durante décadas he defendido de los compradores arrogantes.
Nunca quise venderlos y les puse precios desorbitados. Así he conseguido conservarlos.
La gente que pasa se detiene y los admira. Preguntan, sopesan y regatean pero al final no pueden comprarlos y se van a sus casas conservando su deseo intacto.
Esta mañana un hombre, casi tan anciano como yo, ha venido a darme las gracias. Hace cuarenta años que intenta comprarme el retrato de una misteriosa mujer. Me dijo que el soñar con poseerlo algún día le dio sentido a su vida.