jueves, 9 de septiembre de 2010

El Cartulario: VIII.- Pausanias o "Los Cerdos"

PAUSANIAS O “LOS CERDOS”.


«Entonces, era eso. ¡Dios bendito! ¡El increíble poder transformador de la química! Comprendía ahora la pasión de los alquimistas. La portentosa capacidad de mutar, de transformar unas cosas en otras; de cambiar la sustancia de los objetos, las propiedades, la esencia última y fundamental; algo que parecía reservado a los dioses y que sin embargo estaba ahí, a disposición de cualquier humano que quisiera probar, experimentar: un pequeño, débil y desnudo ser en toda la creación que juega a ser aprendiz de brujo con toda la potencia del universo saltando entre sus manos. El amoniaco habría reaccionado con cualquiera de las porquerías conservantes... o colorantes... o edulcorantes… o espesantes… o gelificantes… o antioxidantes. Con la glucosa, los aminoácidos, la albúmina… ¡Qué sé yo! Nunca saqué más de un cinco y medio en química... Con cualquiera de los centenares de aditivos añadidos al donuts o a los productos base que se utilizan para su elaboración en ese constante empeño de falsificar aspectos, olores, sabores y colores de la cadena alimentaria…hasta lograr esa combinación perfecta, ese sulfhidrato milagroso que había revelado los caracteres, que los había convocado al presente para que resurgieran de su pasado milenario como sí de una sesión de espiritismo se tratara. Voces que surgían ante mí de no sé sabe cuál remoto pasado con una ignota intención y con un mensaje todavía por descifrar...»

Estaba perdido en mis pensamientos cuando la voz de Miguel me atrajo a la realidad. Mi tocayo llevaba hablando solo un buen rato. Solo no. Para ser más exactos, sin que yo atendiera.

—¿Tú no lo crees así? —Me miraba. Asentí con cara de póquer y se ve que era lo que estaba esperando ya que continúo, imparable —…y fíjate que curioso: ¡estaba escrito en gótico, pero en el alfabeto ulfilano! Si hombre, el del obispo Wulfila, —te tiene que sonar— que es el más antiguo, básicamente una adaptación de los caracteres griegos unciales mas tres latinos y algunas runas germánicas. Mmm, ahora no recuerdo bien el número ¡cinco!, me parece que son cinco…

—¿Qué opinas de esto? —le corté una vez más, sacando bruscamente una de las fotos que había hecho al texto revelado y poniéndola encima de la mesa entre nosotros; sin mirarla. La foto era de proximidad. Sólo se veían los caracteres sin dar una idea del soporte sobre el que estaban escritos.

Miguel observo el papel atentamente sin decir nada durante un minuto o dos y luego se levantó y se dirigió a una de las paredes tapizada de libros. Volvió con un tomo grande –presumiblemente un diccionario— y un par de libros más pequeños.

—Es griego clásico desde luego. Arcaizante. Tengo un par de dudas —dijo, como si se justificara de no darme una disertación inmediata sobre el contenido del papelito. Al rato, exclamó —Ajá. Sí. Aquí está —y sujetando uno de los libros pequeños con una mano, y llevándose la otra al corazón, declamó con buena entonación mientras leía:

"Tú, que preguntas inquieto a los dioses indiferentes

Si habrá vida después de la muerte.

Pregúntate, más bien, si viviste antes de morir.

Antes de que lo pienses se irá el placer en las alas del tiempo.

Lo que no goces hoy no lo habrás gozado nunca."

Y luego añadió, mirándome divertido a los ojos, con una sonrisa, como el que adivina un acertijo complicado:

—Pausanias. Pausanias de Iso —aclaró —. No hay que confundirlo con el militar, ni con el geógrafo que es muy posterior.

Le agradecí muchísimo la aclaración pero me hubiera resultado imposible confundirlos. No conocía a ninguno de los tres.

—Realmente es muy poco conocido— asumió Miguel, por una vez en su vida. Y me preguntó, curioso —¿De dónde lo has sacado?

La verdad es que no quería decirle —no todavía— el extraño medio por el que había llegado a mis manos. Tenía que aventurar una historia, con el riesgo que entraña intentar colarle a Miguel una mentira ya que, usualmente, tarda muy poco en detectar las inconsistencias de cualquier patraña. Necesitaba tiempo para inventar algo, así que intenté desviar la conversación.

—Entonces…¿qué sabes de Pausanias?

—Bueno en realidad es muy poco lo que se conoce de él. Se supone que era amigo o conocido de Evémero, ya sabes, el discípulo de Teodoro, El Ateo —y se quedó tan tranquilo, tan pancho. Ojeando en silencio uno de los libros; como si lo que acabara de decir fuera la explicación de todo y lo dejara lo suficientemente claro como para no tener que añadir nada más.

Aunque suponía que lo hacía adrede; para dejarme por tonto, y como venganza por no contestar a su pregunta, no tuve más remedio que rogarle que ampliara el tema con más detalles.

—Si hombre, los hedonistas, los buscadores del placer. Todo el mundo lo sabe. Un sistema filosófico que considera el placer como fin primordial en la vida y que defiende su búsqueda y obtención — y viendo mi cara de burro, se armó de paciencia y se decidió a explicarlo como si estuviera hablando con un niño de cinco años:

— En la antigua Grecia había, entre otras muchas escuelas de pensamiento, dos que eran de orientación hedonista, ¿no?: Los cirenaicos y los epicúreos; estos últimos mucho más conocidos en nuestro tiempo. Las dos escuelas detestaban la superstición y la religión a la que consideran como cualquier otra superstición más. Tomaban como base del juicio y de la conducta humana la experiencia y la razón; para que luego digan que el materialismo o el humanismo son inventos de nuestra época. No se ha avanzado un ápice…, no se ha creado una sola idea nueva en el campo de la filosofía desde el siglo segundo antes de Cristo… Heidegger, por ejemplo, con todo su rollo hermenéutico…

—¿Y en que difieren? —. Con el tiempo he desarrollado cierta práctica en detectar cuando Miguel está a punto de abandonar el tema principal e irse por las ramas.

—Ambas escuelas florecieron en los siglos cuarto y tercero antes de Cristo y se basan en las ideas de Sócrates que afirmaba que la felicidad es uno de los fines de la acción moral. La escuela cirenaica, que fue fundada por Aristipo de Cirene lo llevó más allá, a las últimas consecuencias, y mantenía que el placer era el bien superior. Sostenía que las gratificaciones corpóreas intensas eran preferibles a las mentales. ¿Comprendes? — me preguntó.

—Creo que sí. Aristipo hubiera apreciado más tu güisqui que tu charla, ¿no es así? — le contesté, alzando el vaso, para demostrarle que era un buen alumno. Miguel apreció la broma con una franca sonrisa y continuó:

—¡Efectivamente! ¡Muy bien! Los cirenaicos también negaban que debamos posponer la gratificación inmediata para conseguir una ganancia a largo plazo. Quizás estos son los aspectos que más los diferencian de los epicúreos, que eran más buenos chicos.

—¿Entonces, Epicuro…—pregunté.

—Epicuro buscaba la ataraxia, un estado físico y mental de felicidad y buen rollito conseguido mediante un equilibrio inteligente de placeres y dolores. Incluso, como tenía bastante pasta —una buena base para poder dedicarse a la filosofía, aunque dicen que no asegura la felicidad— compró una finca a las afueras de Atenas que llamó "El Jardín" y allí vivía con sus discípulos y—... Miguel hizo una pausa maliciosa —¡con sus discípulas! Una gran innovación respecto a las escuelas filosóficas de la época que sólo admitían hombres. En ella vivió aislado de la vida política y de la sociedad, practicando la amistad y la vida estética y de conocimiento, junto con otras actividades que imagino igual de agradables. Bueno, a pesar de mi cinismo, es de ley reconocer que Epicuro no limitaba los placeres sólo al cuerpo. Para él era importante el conocimiento y la experiencia. Por eso evitaba placeres cuyo abuso o ganancia inmediata pusieran en peligro la felicidad futura. De hecho, preconizaban cierto grado de estoicismo buscando la renuncia y carencia de apetito corporal como forma de no sufrir. Algo de razón debía tener con lo de esperar, porque la finca se revalorizó un montón a los pocos años cuando el desordenado crecimiento urbano de la city se extendió hasta sus puertas—... el "profesor" me hizo un guiño irónico de los suyos. — Dinero llama a dinero.

—¿y los cirenaicos…? —le animé a continuar.

—Los cirenaicos eran mucho más "jevis" —prosiguió Miguel —. De entrada planteaban que los deseos personales se debían satisfacer de inmediato sin importar los intereses de los demás. Y estaban enfrentados con los "curas", quiero decir con las instituciones religiosas de la época, lo que les originó toda clase de problemas y persecuciones. Eso le pasó por ejemplo a Teodoro, al que llamaban en plan peyorativo El Ateo, (y, todo hay que decirlo, con algo de guasa, ya que Teodoro significa adorador de Dios y Ateo, sin creencia). Cosa que por otra parte era cierta, y que según cuenta Plutarco, le provocó bastantes problemas mientras residia en Atenas y tuvo que salir por pies. Lo mismo vale para un discípulo suyo, Evémero. Gran viajero, se supone que también a veces por motivos de salud, y que visitó los confines del mundo conocido en aquella época. El tal Evémero explicaba que los dioses habían sido en realidad tipos célebres; famosos y virtuosos que de algún modo habrían contribuido al bien general —se ve que no eran como los de la tele de ahora— por lo cual habían sido recordados como dioses, aun siendo mortales. A esta doctrina que intentaba racionalizar los mitos se la llamó Evemerismo. Nunca entró en la cabeza de la gente. También se llevó sus buenos palos... Por cierto, que fue este Evémero, el hermeneuta, el que cuenta que en uno de sus viajes encontró una colonia fundada en una isla por Pausanias de Iso en la que al parecer se vivía en total y continuo libertinaje —Esto de las colonias era algo habitual en el hedonismo ya que hacen de sus creencias más un modo de vida que una filosofía; vendrían a ser algo así como los hippies de la antigüedad—. De aquella isla trajo una copia manuscrita en papiro de un supuesto libro escrito por el fundador, Pausanias, llamado "Del Placer". Según dicen, Pausanias habría llevado al límite la creencia hedonista sin parar en barreras de ninguna clase. Las enseñanzas de Pausanias se extendieron fuertemente sobre todo por Eritrea y se fundaron colonias con distinta fortuna y posibilidades de continuación dado lo disolvente de su doctrina. También penetró en la vida social, no necesariamente en colonias de adeptos, sino en pueblos y ciudades normales, preconizando un individualismo y egoísmo atroz. Se les acabó considerando como una secta peligrosa y eran conocidos como "metahedónicos" o pausaniaistas o sencillamente como "los cerdos" dados los extremos a que podían llegar en la torpe persecución del placer como fin en la vida. El platonismo y el cristianismo persiguieron con saña estas enseñanzas materialistas que ni siquiera gozaban del apoyo de los epicúreos que aunque predicaban el mismo fin: el placer, hacen una interpretación mucho más "espiritual" del mismo —menos deconstructiva de las estructuras socialmente aceptables; si quieres, más manejable socialmente al estar basada en recompensas a "largo plazo" . Los epicúreos en la práctica serían hoy los "sanos" o "ecologistas" de la antigüedad con su "me jodo hoy para estar sano y feliz mañana". Aunque ese mañana, desde luego, se refiere a un futuro en la propia vida del individuo. Nunca tuvieron la caradura de prometer una vida mejor tras la muerte o tras una reencarnación como han venido haciendo todas las religiones mercachifles que trafican con humo espiritual vendiendo parcelas de más allá en un autentico timo que jamás ha dejado de funcionarles. Cosas incomprensibles del alma humana y su necesidad de transcendencia.

—Y entonces, ¿Sí unos eran los "hippies" y los otros los "eco-verdes", los metahedónicos serían...? —. Dejé la pregunta colgada en el aire.

—Los metahedónicos serían los "yonquís" —sentenció brutalmente Miguel —. Capaces de matar a su madre si se interpusiera entre ellos y su deseo.

—Decías que Eveméro trajo una copia del libro de Pausanias. ¿Está publicado? ¿Dónde se puede conseguir o consultar una copia?

—Ja, ja, ja ¡Vaya pregunta! —Miguel se rió de buena gana como si el tema fuera chistosísimo. Cuando se recuperó, continuó, limpiándose las lágrimas que la risa le había hecho brotar: — Se supone que todas las trascripciones de "Del placer" fueron perseguidas y destruidas. Como si de una distopía orwelliana se tratara, fueron incluso eliminadas todas las referencias de los libros que se dedicaban a combatirlas. — y al ver mi cara de incomprensión, aclaró:

—¡Como en 1984, hombre! La novela de Orwell. No pongas esa cara de bobo...— y añadió enseguida—Ya sabes que, por ejemplo, la doctrina epicúrea es conocida hoy en día más gracias a sus refutaciones, como por ejemplo las de Sexto Empírico, que a lo que nos ha podido llegar directamente como son los escasos comentarios de Plutarco, Cicerón o Seneca. Una paradoja, pero así es. Se conoce más por sus atacantes que la diseccionaron minuciosamente en su afán por anularla que por sus defensores.. —Hizo una pausa, mirando soñador al techo. Como si en él fuera a encontrar las razones inexplicables del comportamiento humano.

—Tras el triunfo del catolicismo sobre el arrianismo, seguramente desde mucho antes, se podría asegurar que no quedó ninguna copia de "Del Placer" en papel, tablilla, papiro o pergamino alguno si es que alguna vez existió y no son sólo patrañas. Los que defienden que "Del Placer" fue un texto real se basan en algunas oscuras referencias que pudieron ser pasadas por alto en la hipotética "limpia" y por la atribución al mismo de este poema tan curioso que traes y que es tenido como quinta esencia de las ideas que podría llegar a contener: Un placer perentorio, inmediato, sin cuestionamiento. Irrenunciable, si realmente creemos que nada nos depara la vida futura; que nada nos garantiza que vayamos a añadir un minuto más a nuestras vidas —. Miguel sacudió la cabeza, como espantando negras imágenes, y continuó con un tono de voz mucho menos apasionado, más profesoral

—El poema se encontró grabado en griego en la piedra del dintel de unas ruinas de un palacio en una pequeña isla en el océano Índico que algunos quieren hacer ver que pudiera ser la legendaria Pancaya, fertilísima en aromas, cuna del ave fénix y también de discutida existencia y ubicación. Esta isla la describe el propio Evémero en otra obra que ha perdurado a lo largo de los siglos y que son sus relatos de viaje "Inscripción Sagrada". De ahí que se los relacione...Aunque este tema es bastante controvertido dentro de lo poco conocido que resulta en líneas generales.

—Por cierto, —Me miró a los ojos y volvió a preguntarme, esta vez muy serio — ¿De dónde has sacado la foto? —Esta vez me pilló preparado.

—Hay unos marchantes rusos que quieren vender una serie de textos raros a unos inversores que yo asesoro y han enviado algunas pruebas para su evaluación. Sobre todo manuscritos bizantinos. Parece que el tema no está muy claro —avance, tímidamente.

Miguel meneó la cabeza, dubitativo:

—Tras la caída de la URSS, la corrupción ha calado en todas partes. Las mafias han saqueado todos los fondos de los museos y monasterios de los antiguos países que la componían e incluso de Rusia. También hay en circulación un sinnúmero de falsificaciones. Ten cuidado. Además de a los filólogos, consultad a un buen diplomático —Suspiró, sabiendo que toda su vida tendrá que dar explicaciones adicionales porque los demás somos unos asnos y aclaró con suavidad —En este contexto, un diplomático no es lo que la gente común entiende. La Diplomática es la ciencia que estudia la validez de los documentos.

Y luego afirmó, tajante:

—Respecto a “Del Placer”, ni lo sueñes. Es una falsificación seguro. Si hubiera existido una copia, aunque fuera en un monasterio remoto, se habría sabido. Habría estado documentada desde hace siglos.



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